Reflexiones: Teoría Polivagal y Corregulación

Hoy en el Blog de Crianza con Conexión, quería reflexionar sobre la importancia de la corregulación y por qué deberíamos enfocarnos en ella en lugar de en la autorregulación.
El propio doctor Stephen Porges, creador de la Teoría Polivagal, define la corregulación como un imperativo biológico para todos los mamíferos, incluidos los humanos. Una necesidad tan importante para nuestra vida como comer, respirar, dormir y movernos.
"No hemos evolucionado para autorregularnos. Hemos evolucionado para corregularnos."
Dr. Stephe Porges (neurocientífico creador de la Teoría Polivagal)
Pues sí. La corregulación es una necesidad fundamental desde que nacemos hasta que morimos, primordial durante la infancia y la adolescencia, y durante el resto de la vida cuando nos enfrentamos con retos y situaciones que nos generan estrés. Además, quiero subrayar eso de que es importante a lo largo de toda la vida, también cuando somos adultos y el hecho de que hay personas (desde la infancia hasta la adultez) que van a necesitar mucha más corregulación que otras (igual que hay personas que necesitan más comida que otras, o más horas de sueño que otras) para poder recuperar el equilibrio en su sistema nervioso y poder vivir una vida en conexión con el entorno, consigo mismos y los demás, y poder enfrentar los retos y las dificultades (sean sensoriales, relacionales, emocionales y/o cognitivas) que aparencen en el camino. Y entre esas personas nos encontramos a niños, adolescentes y adultos neurodivergentes, y a personas con sistemas nerviosos más sensibles, fruto de la genética y/o de traumas vividos.
Así pues, la corregulación y la conexión son realmente un imperativo biológico... y especialmente en las neurodivergencias (altas capacidades, alta sensibilidad, retos en la integración sensoriales, autismo, TDHA, y otras multiexcepcionalidades).
Sin embargo, parece que en muchos entornos donde habita la infancia y la adolescencia se tiene como objetivo el impulsar la autorregulación desde muy temprana edad, llegando a penalizar o ridiculizar la necesidad de corregulación, o, en el otro extremo, a no intervenir aunque los niños estén experimentando un nivel de estrés que les sobrepasa.
Y en lugares así se olvidan de (o todavía no han descubierto) que en realidad la autorregulación es una corregulación internalizada que nos acompaña en los momentos en que quizá no están presentes nuestros principales vínculos de apego... que nos acompaña a través de recuerdos corporales, sensaciones, emociones y pensamientos que nos conectan, en la distancia, con aquellos que nos han corregulado una y otra vez en nuestros peores momentos, y que se activa cuando la seguimos recibiendo (la corregulación) a través de otros vínculos secundarios. De bebés, de niños, de adolescentes, de adultos... Vínculos seguros y especiales que van tejiendo una capacidad de autorregulación que no es otra cosa que el eco y el recuerdo profundo de nuestras miles y miles de experiencias de corregulación.
Apostemos por entornos neuroinformados, creemos entornos seguros, amables y empáticos donde cada persona, y especialmente niños, niñas y adolescentes, se sientan vistos, sentidos, queridos y aceptados tal y como son. Espacios de pertenencia donde se tejen relaciones sanas basadas en el respeto, en el cariño, en la reciprocidad y en la conexión y la reparación.
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